lunes, 1 de diciembre de 2008

De tetas y de clowns (Parte 1)

Cuando salí del parcial de Costos y Presupuestos realicé la dos acciones que dieron sentido a mi día.
  • Acción 1: pasarle las preguntas de Costos a Eloia, ya que tal vez Plesni no considere en los momentos de evaluarla aquella pasión que, como bien sabemos todos, fluye entre ellos.
  • Acción 2: llamar a HP Marité
Es sobre esa segunda acción sobre a cual tengo la necesidad de desarrollar algún comentario.
Gracias a la generosidad que caracteriza a los directivos de Personal tengo la oportunidad de comunicarme libremente con esta dama, en el lugar que desee, a cualquier hora y poder intercambiar opiniones sobre las cosas más trascendentales de este mundo. Durante la hora con treinta y tres minutos que duró la nuestra gratarola comunicación, mi humanidad se encontró en distintas etapas. La primera, viaje en colectivo; la segunda, viaje en tren y la tercera y última, la degustación de un peceto con chimichurri.
En esos escenarios desarrollamos dos temas que son realmente preocupantes para la sociedad toda: las tetas y los clowns. Hoy hablaremos de las tetas.
Episodio1: LAS TETAS
La musa inspiradora de este debate fue una rolinga con 105 de busto que asegura que no está tan bueno tener mucha teta, y jamás fundamentó su opinión.
Si bien es imposible reproducir la conversación entera, no lo es para nada publicar sus conclusiones. Aquí van:
CONCLUSIÓN 1
“Marite desestima la acción de ponerse tetas.”

CONCLUSIÓN 2
“Toda teta es agradable, a menos que se meta para adentro. En ese caso deja de ser teta y empieza a ser buraco. Eso si que no es agradable.”

CONCLUSIÓN 3
“La fuerza de gravedad elige doblarse a si misma cuando actúa sobre las tetas”
(Es decir, la fuerza de gravedad se ejerce doblemente sobre las tetas, y por esto es que toda teta esta destinada a caer)

CONCLUSIÓN 4
Las tetas no son buenas ni malas, todo depende de cómo se las use.

CONCLUSIÓN 5
“Ya que has de poner plástico en tus tetas, ponlo en grandes proporciones.”

domingo, 20 de julio de 2008

Todo Lo Que Hacemos Sin Saber Por Que

(extracto, Robert Fulghum)


LA HISTORIA APARECIÓ EN UN PERIÓDICO SENSACIONALISTA. Decía, simplemente, que los bomberos debieron concurrir a una casa en la cual salía humo de una de las ventanas del piso superior. Al entrar, encontraron a un hombre en una cama en llamas. Después de rescatar al hombre y apagar el fuego, formularon la pregunta obvia: - ¿Cómo se inició el fuego? - No sé. Ya estaba en llamas cuando me acosté. La historia me quedó grabada. Y me recordó una frase de la dedicatoria de un libro, que copié en mi diario: "¿Quid rides? Mutato nomine, de te fabula arratur". Latín. De las obras de Horacio. Traducido: "¿Por qué te ríes? Si cambias el nombre, puede ser tu historia". Estaba en llamas cuando me acosté. Esta inscripición podría figurar en la lápida de muchos de nosotros. Toda una vida en una oración. Salir de Guatemala para meterse en Guatepeor. Yo buscaba problemas y me metí en ellos ni bien los encontré. El demonio me obligó a hacerlo la primera vez, pero después lo hice por propia voluntad. Quizás esta verdad resulte más clara si transcribo una conversación que tuve con un colega que se quejaba de que todos los días se encontraba lo mismo en su bolsa de almuerzo. - ¿Quién te prepara el almuerzo?- le pregunté. - Yo- me respondió. Tenemos algunos compañeros muy buenos en este asunto. San Pablo se lamentaba diciendo: "No puedo comprender mi propio comportamiento. No logro realizar las cosas que deseo hacer, y descubro que estoy haciendo precisamente las que odio". Y el dramaturgo griego Eurípides pone en boca de Medea, poco antes de asesinar a sus propios hijos, las siguientes palabras: "Sé el daño que estoy por causar. Mi ser irracional es más fuerte que mi voluntad". Los psiquiatras ganan mucho dinero con este dilema, y los teólogos hacen mucho ruido al respecto. Pero este dilema no sólo no ha sido resuelto, sino que tampoco tiene solución. Vivimos con él, y al hacerlo nos consolamos en compañía de aquellos que habitualmente se acuestan en camas en llamas de un tipo o de otro. Nos resultaría más sencillo si pudiéramos, simplemente, aceptar las camas que elegimos para nosotros y seguir adelante. Y una cosa más. Respecto del hombre de la cama en llamas de la historia. La mayor parte de las veces, observamos que las personas hacen algo sin saber por qué lo hacen. Si nuestras propias acciones constituyen un misterio para nosotros, ¿Cuánto más lo serán para los demás? ¿Por qué estaba acostado en la cama en llamas? ¿Estaba borracho? ¿Enfermo? ¿Quería suicidarse? ¿Era ciego? ¿Tenía frío? ¿Era tonto? ¿Tenía un extraño sentido del humor? ¿O qué? No lo sé. Es muy difícil juzgarlo sin tener mucha más información. Es cierto, sin embargo, que de todos modos juzgamos. Pero si consiguiéramos refrenarnos un poco, nos agradaríamos más. Dios, según está escrito, previno a sus primeros hijos, Adán y Eva. Lo dijo bien claro. No coman esa fruta- les causará problemas. Ya conocen el resto de la historia...


Título original del libro: It was on fire when I lay down on it (1989) - Robert Fulghum

lunes, 16 de junio de 2008

La ladrona de Libros

Hacía mucho que le tenía ganas a “La Ladrona de Libros”. Pasaba por las librerías, lo miraba, seguía de largo. Estoy seguro de que anoté su nombre más de una vez en mis múltiples listas de libros por leer, en los borradores del celular, en los cuadernos de la escuela.

Nunca tomaba la decisión de comprarlo, pero no es algo de lo que me arrepiento.

No acostumbro a comprar el último libro en salir. Prefiero estirarlo, dejarlo para el verano o para las vacaciones de invierno, cuando estoy libre de parciales, parcialitos, finales, trabajos prácticos, cuestionarios, prácticas profesionalizantes y demás artimañas de las que los profesores se valen para mantenerme alejado de aquello que realmente me hace bien.

Exactamente lo opuesto siento cuando paso por los locales de usados o discontinuados. Libro que veo, libro que me llevo. Aunque sean los últimos 20 pesos que me quedan y todavía falte una semana para cobrar. Uno nunca sabe cuando lo va a volver a tener en frente. “Afrodita”, “Demian”, “Cien cepilladas antes de dormir”, “A.D. el año que cambió el mundo”, “Siddhartha” y vaya uno a saber cuantos libros más cayeron en mis manos por ese desesperado método.

Conseguí la “Ladrona de Libros” mediante uno de los dos otros métodos que tengo para valerme de lecturas. Una vez al año, en la Feria del Libro. Estaba ahí. Era tentador.

Apenas lo tuve en mis manos lo devoré. ¿O tal vez me devoró? No lo sé. Lo cierto es que por un par de días me mantuvo en hermosa condición de rehén impidiendo que duerma por las mañanas en los mullidísimos asientos de los colectivos de la Línea 64.

La autobiografía de una damita contada por la mismísima Parca suele tener esas consecuencias en la gente de Carupá.

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Primero los colores.

Luego los humanos.

Así es como acostumbro a ver las cosas.

O, al menos, así intento verlas.

UN PEQUEÑO DETALLE

Morirás.

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Así empieza. Son los primeros seis renglones. Markus Zusak, un purrete Australiano, es el culpable de estas páginas, en las que La Muerte cuenta la historia de Liesel, la que roba libros y regala palabras. Me saco el sombrero ante él.

Ojala algún día se me ilumine la cabeza y pueda enrollar las palabras con la habilidad de este caballero. No puedo evitar maravillarme ante la gente que escribe de esta manera. Además tiene algo muy simpático. Usa un método muy parecido al de La Tía: de a poquito anticipa con fogonazos aquello que va a ocurrir. Advierte el qué y deja la respuesta al cómo para los capítulos venideros. Siempre intriga el cómo. Eso atrapa.

La muerte, evidentemente no es mala. Es un poco fría, pero no mala. Llevarse almas es un trabajo complicado, que tiende a sobrecargarse en tiempos de Segundas Guerras Mundiales.

Si fuera mala, no hubiera rescatado el libro negro de Liesel. Si fuera fría, no la hubiera maravillado su historia. Si fuera egoísta, no la estaría contando. Si fuera apática, no se hubiera enternecido con Rudy.

Es imposible no querer a cada uno de los participantes. Liesel, Rudy (su mejor amigo), Max (el joven judío que intentó escapar de la guerra), Rosa y Hans (los padres adoptivos), La Muerte.

Max le dió dos historias. Eran solo para ella. Él le enseñó a regalar palabras.

Rudy. El beso. En las primeras páginas lo anticipa. Pero ¿Porque tardó tanto? Tenía que ser de esa manera, pero no merecía ser así. Prometo azotar fuertemente en las cachas a quien asegure que no se le escapó un lagrimón al leer la historia de Liesel. No es posible. Desespera. Quise, pero no se puede. Juro que quise haber podido meter la mano entre las páginas, sacarla y abrazarla. Bien fuerte. Pero no pude.

Una partecita del prólogo: Así se presenta La Ladrona de Libros

La última ocasión en que la vi todo era rojo. El cielo parecía un caldo hirviendo, en plena agitación, un poco requemado. Algunos tropezones negros y salpicaduras de pimienta flotaban sobre el rojo.

Un poco antes, unas niñas habían estado jugando allí a la rayuela, en esa calle que parecía una página con manchas de aceite. Cuando llegué, todavía se oía el eco de sus voces. Los pies repicando contra la calzada, las carcajadas infantiles y las sonrisas de sal. Aunque se desvanecían a gran velocidad.

Luego, las bombas.

Esta vez, todo llegó tarde.

Las sirenas. Los gritos alborotados de la radio. Todo demasiado tarde.

En cuestión de pocos minutos, había montañas de cemento y tierra por todas partes. Las calles se abrieron como venas reventadas. La sangre corrió hasta que se secó en el suelo, donde quedaron pegados los cuerpos inmóviles, como los escombros tras una inundación.

Pegados al suelo hasta el último de ellos. Un mar de almas.

¿Fue el destino?

¿La mala suerte?

¿Eso los dejó pegados al suelo?

Por supuesto que no.

No seamos estúpidos.

Seguramente las bombas, arrojadas por los humanos escondidos entre las nubes, tuvieron algo que ver.

Sí, el cielo era de un rojo abrumador, ardiente. La pequeña ciudad alemana había quedado dividida en dos otra vez. Los copos de ceniza caían con tal encanto que uno se sentía tentado de atraparlos con la lengua y saborearlos. Pero te habrían quemado los labios y escaldado la boca.

Lo recuerdo con toda claridad.

Estaba a punto de irme cuando la vi allí, arrodillada.

A su alrededor, se había escrito, proyectado y erigido una montaña de escombros. Se aferraba a un libro.

Por encima de todo, la ladrona de libros ansiaba volver al sótano a escribir o leer su historia una vez más. Ahora que lo pienso, sin duda se le veía en la cara. Se moría de ganas de reencontrar esa seguridad, ese hogar, ero era incapaz de moverse. Además, el sótano ya no existía. Era parte del paisaje devastado.

Por favor, insisto, créeme.

Tuve ganas de detenerme y agacharme a su lado.

Tuve ganas de decirle: “Lo siento, pequeña”.

Pero no está permitido.

No me agaché. No dije nada.

Me quedé mirándola un rato y, cuando se movió, la seguí.

Soltó el libro.

Se arrodillo.

La ladrona de libros se puso a gritar.

Cuando empezó la limpieza, su libro recibió varias pisotadas y, aunque sólo tenían orden de despejar el cemento de las calles, el objeto más preciado de la niña también acabó en el camión de la basura. Entonces me vi obligada a reaccionar. Subí al vehículo y lo cogí, sin ser consciente de que me lo quedaría y lo estudiaría miles de veces a lo largo de los años. Buscaría los lugares en que nuestros caminos se habían cruzado y me maravillaría con todo lo que la niña había visto y cómo había conseguido sobrevivir. Es lo único que puedo hacer: descubrir que ese relato se ajusta al resto de lo que presencié en esa época.

Cuando la recuerdo, veo una larga lista de colores, aunque hay tres que resuenan en mi memoria por encima de todos los demás.

Unos se abalanzan sobre los otros. La rúbrica negra garabateada sobre el cegador blanco que todo Lo ocupa, apoyado en el espeso y meloso rojo.

Vi a la ladrona de libros en tres ocasiones.

Si, la recuerdo a menudo y conservo su historia en uno de mis múltiples bolsillos para contarla una y otra vez. Es una más de la pequeña legión que llevo conmigo, cada una de ellas extraordinarias a su modo. Todas son un intento, un extraordinario intento de demostrarme que vosotros, y la existencia humana, valéis la pena.

Aquí está. Una más entre tantas.

La ladrona de libros.

Si te apetece, ven conmigo. Te contaré una historia.

Te mostraré algo.

lunes, 9 de junio de 2008

Charly García - De mi


Cuando estés mal
cuando estés sola.
Cuando ya estés cansada de llorar
no te olvides de mí
porque se que te puedo estimular.

Cuando me mires a los ojos
y mi mirada esté en otro lugar
no te acerques a mí
porque se que te puedo lastimar.
No pienses que estoy loco
es sólo una manera de actuar
No pienses que estoy solo
estoy comunicado con todo lo demás.

Por eso cuando estés mal
cuando estés sola
cuando ya estés cansada de llorar
no te olvides de mí
porque se que te puedo estimular.



Say No More

viernes, 30 de mayo de 2008

Grandes reflexiones, verdades, mentiras y dichos acerca del pete

Esta profunda recopilación es producto del instinto de investigación que nos caracteriza tanto al Sr. Marce como a mí. Un viaje en el 15 puede ser lo suficientemente revelador como para determinar que hay mucho dicho sobre el pete, pero poco escrito al respecto.

Destacamos que éste listado no está completo. Es, entonces, responsabilidad del pueblo generar nuevas frases y nuevas consideraciones al respecto y hacerlas públicas, por este u otro medio. Enfatizo un agradecimiento a Marité, una ilustrada dama sin pelos en la lengua que supo dar el visto bueno a la publicación de este artículo.

A continuación, los pensamientos de la comunidad toda acerca de esta costumbre que nos compete todos, de una u otra forma.

- No por mucho petear se acaba más temprano.

- Más vale pete en mano que ciento volando.

- Si el pete no va a la boca, entonces la boca irá al pete.

- El pete unido jamás será vencido.

- Petidumbre: incertidumbre en lo relativo al pete. ¿Me fiarán un pete? ¿Cuánto vale un pete?

- Un pete y un vaso de agua no se le niegan a nadie.

- Choripete: dícese de la fellatio que se recibe en el mismo instante en que se degusta un choripan.

- Al que petea Dios lo ayuda.

- El pete por la boca muere.

- La curiosidad mató al pete.

- El hábito no hace al pete

- Dime como peteas y te diré quien eres

- Petea y triunfarás.

- A pete regalado no se le miran los dientes.

- Siempre buscándole la quinta pata al pete.

- Cada loco con su pete.

- Las damas y los petes primero.

- Felices los petes, porque de ellos será el reino de los cielos.

- Hecho el pete, hecha la trampa.

- Nunca un pete costó poco.

- Un pete vale más que mil palabras.

- Siempre que peteó, paró.

- ¿Qué gusto tiene el pete? Salado

- El que mucho abarca, poco apete.

- Navegando se llega a buen pete.

- La historia la escriben los que petean.

- Un pete a cada uno no hace mal a ninguno.

- El pete solo bien se lame.

- Pete para todos y todos para el pete.

- Al pan, pan, y al pete, pete.

- Ah, la petinola!

- A pete y moche.

- No se olviden del pete.

- Les petes sean unidos, porque esa es la Ley Primera.

- Ooootro pete (lee Santo Biasatti)

- El peeeeetee! (con locución de Riverito)

- Más sabe el pete por viejo que por pete.

- Del pete y de la muerte nadie se salva.

- El pete es pete y nada más.

- Un pete más y no jodemos más.

- Hoy hay pete, joda, joda, joda.

- El pete es la base de la fortuna.

- No hay pete que por bien no venga.

- Petes eran los de antes.

- El que petea y no convida…

- Mejor pete que mal acompañado.

- Pete de a muchos, consuelo de tontos.

- Quedó pete pa’l norte.

- Martes pete no te cases ni te embarques.

- Todo lo que sube, pete.

- No todo lo que brilla es pete.

- Petéate a ti mismo.

- A mal pete, buena cara.

- A falta de pan, buenos son los petes.

- Ojos que no ven, pete que no siente.

- En boca cerrada no entran petes.

- Pete que no has de beber, déjalo correr.

- No petea ni deja petear.

- Haz el pete sin mirar a quien.

- Hagamos el pete y no la guerra.

- Ojo por ojo, pete por pete.

- Pete que ladra no muerde.

- El pete es un animal de costumbres.

- Todos los caminos llevan al pete.

- Una de pete y una de arena.

- Al que le gusta el pete, que se aguante la pelusa.

- ¿Que vino primero? ¿El pete o la gallina?

- No dejes pete para mañana si puedas petear hoy.

- Me está tomando el pete.

- Pete al último, pete mejor.

- A buen entendedor, pocos petes.

- Panza llena, pete contento.

- Llora con lágrimas de pete

- Firme como pete de estatua

- Le salió el tiro por el pete.

- El pete que confirma la regla

jueves, 17 de abril de 2008

Señor del Kiosko



Hace unos días recordé la existencia del Señor del Kiosko, un caballero argentino que hace historietas al que descubrí hace uno o dos años y cometí el delito de perderlo entre las telarañas de mi memoria.

Sencillas en su dibujo, sus historietas son expresivas, tiernas (tan tiernas que tienen ese “no se qué” que atraviesa el alma) y tienen un mensaje escondido que me encanta. Está bueno leer dos veces cada una, quedarse pensando, darles el tiempo que se merecen e ir encontrando de a poco esos pensamientos ocultos.

Al leer un un par de cuadritos, uno comienza a ingresar al Universo Kiokerman, lo comprende, lo admira, y quiere formar parte de del mismo. Sus tiras son particularmente extraños, y logran camuflar soledades, ilusiones, absurdos, romanticismo, oscuras realidades, esperanzas, y vaya uno a saber cuanta cosa más que todavía no se me pasa por la cabeza.

Como no tenía ganas de olvidarme nuevamente de este caballero tomé algunas precauciones:

Precaución primera: Agregué su web a Favoritos

Dado que eso nunca es suficiente (teniendo en cuenta la maraña de cosas que hay en los favoritos) tomé la

Precaución Segunda: Sumé su Blog a la lista de Links de mi Blog (a la izquierdita por estos momentos, hasta que cambie la distribución)

Y, considerando que tal vez eso no fuera suficiente para recordar visitarlo, elegí tomar la última, definitiva y remaxterizada

Precaución Tercera: me sume a su lista de distribución. Si! El Kioskerman tiene una lista de distribución. De esta manera el día de lunes de cada semana, el mismísimo Señor del Kiosko, (cuya identidad secreta es Pablo Holmberg y que bajo ningún concepto debe ser divulgada) me envía un emilio con su nueva tirita a mi casilla de Gmail.

Claramente, la tercera es la más efectiva, ya que logra combatir cualquier olvido, y además hace feliz al Kioskerman, ya que, según el mismo afirma, cada vez que alguien se suma a la lista, se incrementa su nivel de felicidad.

Matando dos pájaros de un tiro, logré conseguir para mi la felicidad necesaria para empezar una semana con alegría y, lo más importante, hice aún más feliz al Señor del Kiosko.

Entre en www.kioskerman.com.ar, sepa apreciar su creación y, por favor, no reprima su deseo de Hacer Feliz Al Kioskerman.

viernes, 4 de abril de 2008

El mundo por una terraza llena de Gordas Negras



Imagino el tren que viene de Retiro, detenido y con las puertas abiertas en la Estación Carupá. Escucho una voz muy suave, casi imperceptible, que se va haciendo notar cada vez más.

Una mujer rolliza, de piel muy oscura y sonrisa perturbadoramente blanca baja de la última puerta del último vagón del tren. Está cubierta con una especie de túnica violácea que apenas deja ver sus pies. La siento tararear con voz dulce. Sus manos, mullidas se golpean entre sí, marca ritmo con las palmas, y siguiendo ese ritmo empieza a caminar lentamente.

Cada palma guía su paso y cada paso que da genera una delicada onda expansiva, que mueve caderas, piernas, pechos, brazos y manos, cerrando un circuito infinito. Sus carnes, abundantes, suaves, firmes, se combinan con manos y cuerdas vocales. Una inmensa armonía la gobierna. Ahora, empieza a cantar...

Oh, Happy Day...

Detrás de ella, bajan dos damas más, afectadas por el mismo hechizo, que sincroniza cuerpos, voces y almas.

La misma escena se repite por cada puerta en cada uno de los seis vagones del tren. Cada mujer sigue a la que esta adelante y la primera las guía a todas, de acuerdo a órdenes divinas de vaya uno a saber que ente superior.

Caminan en fila hasta que salen de la estación. Ahora copan la calle, elevan sus voces un poco más. El himno que entonan se hace algo más claro...

Oh, Happy Day...

Los vecinos inmóviles, perplejos, encantados, quedan detrás de esa masa púrpura de voces que avanza golpeando sus manos con los brazos en alto. Pueden ver como de esos labios sensuales brotan aquellas voces tiernas que deleitan a los oidos, como de sus escotes abultados emerge el son que atrapa a los sentidos, y perciben el modo extraño en que esas caderas indomables se hacen sumisas ante el poder inmenso de una música de la que ya forman parte.

Se acercan a casa. Aquella mujer envuelta en púrpura que simula iniciar esta cadena desliza su mano dentro de la túnica, saca un llavero repleto de llaves, enormes, doradas. Elige una, la introduce en el cerrojo, abre mi puerta, entra en casa.

Misteriosamente encuentra una escalera, la apoya contra una pared, coloca su pie derecho sobre el primer escalón, el izquierdo sobre el segundo, y mientras mas asciende ella, mas se eleva su voz.

Una segunda Gorda Negra sigue sus pasos. Y una tercera... y una cuarta...

Desde abajo se ven esas divinidades gordas, enormes, hermosas, subiendo una por una, elevando la voz a cada centimetro, formando parte de ese coro celestial que atrapa el corazón de todo aquel que quiere oir.

Ahora estan todas juntas en la misma terraza, en el mismo espacio físico, no se desplazan, pero siguen bajo el efecto de aquella onda expansiva, producto de sus voces, sus palmas, sus chasquidos. Con los brazos tan arriba como pueden, cada sonido repercute hasta en la parte más intima de cada una de ellas, despertando y uniendo al coro a aquellos distritos de sus anatomías que ni ellas mismas conocen.

Generan un aura y las excede, ya no pueden ser solo ellas, sus voces llegan a un punto máximo, el alma se escapa de sus cuerpos, se une a un alma más grande que las abraza, no solo a ellas sino a toda una ciudad, a Carupá City, iluminándola, llenándola y llenándome de placer, de extasis, de música y de luz.

Oh, Happy Day...

Sumérgase usted también en los cantos de las hermosísimas Gordas Negras con "Oh Happy Days", en la banda sonora de Sister Act 2. No sea cobarde libere sus oídos al placer y haga click en el botón Play un poco más abajo.




viernes, 7 de marzo de 2008

Pubis Angelical

Las canciones cuentas historias, pero no suele haber muchas maneras de interpretarlas.

Quien escuche una canción que habla de un fracaso en el amor, puede elegir entre sentir nostalgia del pasado, entristecerse por un dolor del presente, o, si es afortunado, solo ponerse a llorar de puro solidario con el cantante.

Pubis Angelical es un tema sinfónico de Charly García, por lo tanto, no tiene letra. No es triste ni alegre por si mismo.

Sin embargo tiene una esencia, ese “no-se-que” que lo hace especial para mí. Cada vez que siento las teclas de ese piano, entro en un estado de inconciencia, me pierdo dentro de mí y me olvido de aquello que me rodea. Las notas viajan por aire, respiro música y el aparato circulatorio la dispersa por mi persona.

La influencia que ejerce sobre mí nunca es la misma.

No es muy fácil de explicar. A veces, siento una brisa, un hormigueo que me recorre el cuerpo, desde la espalda a la punta de los dedos, otras, mi boca recuerda el sabor de algún beso recibido una tarde de primavera, otras, una congoja que me aprieta el corazón, como queriendo escurrir un trapo rejilla, y otras me siento flotar en una nube de paz suave y esponjosa.

Sin importar si logra llevarme a lo triste o a lo alegre, si me trae nostalgias de lo que vendrá, planes sobre lo que pasó, si puede llevarme de paseo por los cielos o de excursión los infiernos, esta melodía logra hacerme sentir, y a eso no puedo mantenerme indiferente.

No es un tema muy conocido, no creo que forme parte del listado de Hitazos de La 100. Por lo tanto aproveche la oportunidad, presione PLAY en el elemento gris que hay más abajo, y libere aquí su mente a la siniestra mano de García, en Pubis Angelical.



viernes, 29 de febrero de 2008

Demian

A veces me pongo a pensar: ¿Porque me hice este blog si no publiqué absolutamente nada de lo poquito que escribí? Para ser sincero, nada de lo que tipeé hasta ahora me dejó muy conforme. Sin embargo en los viajes en tren y colectivo al trabajo encontré un cuento dentro del tremendo libro “Demian”, de Hermann Hesse, que provocó ciertas reacciones en quien escribe. Me hace pensar en una manera extraña de telepatía, en la que uno mismo, solo con el pensamiento y la fuerza interna, puede transmitir a otro aquello que siente. “Hablar con el corazón”, le llamaba a esta telepatía la tía Allende.

Esta historia dentro de otra historia, forma parte de esas cosas por las que me siento marcado internamente, tal vez porque en algún punto me duele, tal vez por que en algo me siento reflejado. Y eso es lo que me gusta en un libro, un cuento o una canción. Que me invite a soñar en su mundo, que me haga sentir, mas allá de si viví o no aquella situación, esos placeres, dolores, esperanzas, desengaños, alegrías y tristezas que cuenta.

En ocasiones, me sentía descontento y atormentado de deseos. Creía no poder soportar ya por más tiempo tenerla a mi lado sin estrecharla entre mis brazos. También esto lo advirtió ella en seguida, y al verme llegar una tarde a su casa, agitado y confuso, después de varios días de retraimiento, me llevó aparte y me dijo: “No debe usted entregarse a deseos en los que no cree. Sé lo que usted desea. Tiene usted que abandonarlos o desearlos de verdad y por entero. Cuando llegue usted a pedir llevando en sí la plena seguridad de lograr su deseo, la demanda y la satisfacción coincidirán en un solo instante. Pero usted desea y se reprocha, temeroso, sus deseos. Tiene usted que dominar todo eso. Voy a contarle una conseja”.

Y me contó de un adolescente que estaba enamorado de una estrella. A la orilla del mar extendía los brazos hacia ella, la adoraba, soñaba con ella y le dedicaba todos sus pensamientos. Pero sabía, o creía saber, que un hombre no puede enlazar con sus brazos una estrella. Imaginaba que su destino era amarla siempre sin esperanza y construyó sobre ésta idea toda una vida de renunciamiento y de dolor, callado y fiel, que habría de purificarle y ennoblecerle. Una noche se hallaba sentado de nuevo junto al mar, sobre un acantilado, contemplando a su amada y ardiendo en amor por ella. Y en un instante de profundo anhelo saltó al vacío, hacia la estrella. Pero todavía entonces pensó en la imposibilidad de alcanzarla y cayó, destrozándose contra las rocas. No sabía amar. Si en el momento de saltar hubiese tenido fuerza de alma suficiente para creer fija y seguramente en el logro de su deseo, hubiese volado cielo arriba a reunirse con su estrella.

- El amor no debe pedir –continuó- ni exigir tampoco. Ha de tener la fuerza de llegar en si mismo a la certeza, y entonces atrae ya en lugar de ser atraído. Sinclair, su amor es ahora atraído por mí. Cuando llegue a atraerme, entonces acudiré. No quiero hacer un regalo, quiero ser ganada.

jueves, 14 de febrero de 2008

¿Por qué hacerme un blog?

Porque quiero, porque tengo ganas.

Porque debo admitir que no escribo como quisiera, porque creo las palabras que se hilan entre mis manos y el teclado no son todavía las mejores, porque todavía no pueden ubicarse de esa forma que yo deseo. Seguramente el hábito de escribir me ayude un poco con eso.

Porque nunca cumplí con aquello que prometo, que es no tirar aquello que escribo.

Porque es una buena forma de que perdure, no para otros, sino para mí, aquello que pienso. El que esas ideas, esos pensamientos queden guardaditos en los confines de Internet me da, internamente, la seguridad de que no voy a eliminarlos.

Porque no me interesa llevar nada cronológico, no quiero un diario, porque no es mi intención llevar una Guía T de todo lo que vivo, sino de aquello que pienso, eso que se me pasa por la cabeza, de aquello que siento un impulso irrefrenable por expulsar de mi cabeza, y de aquello que quiero guardar. Un diario, además no sería posible. Ni mi cabeza ni mi voluntad me permiten sentarme a escribir todos los días. A veces gana la fiaca, a veces me abandona la inspiración.

Porque así estoy seguro de poder releer todo esto cuando quiera, ver si sigo siendo el mismo de siempre, en que cambié, en que no.

Visto desde ahora sé que me gustaría haber tenido algo así desde hace tiempo. Recuerdo como pensaba hace varios años, pero son recuerdos cobardes, que se escapan cuando uno quiere interrogarlos. Quisiera comparar la manera de escribir de hace unos años con la que tengo ahora, con lo que tendré en un mes, o en 10 años.

Porque así voy a poder tener un registro de los interiores de Pablin, de lo que provoca en mi persona aquello que me rodea. Por ejemplo, esas canciones que me traen recuerdos de lo que paso y de lo que nunca pasó. Hay temas que me hacen pensar, otros me traen congojas o me hacen acordar de gentes que anduvieron dando vueltas por la vida. Me gustan y no quiero olvidarme de lo que provocan o provocaron en mí.

Porque por fin, tal vez queden registradas de una buena vez aquellas letras cambiadas a las canciones originales, esas que entonamos en el trabajo con el pelado que esta en la PC de al lado, o las que surgen por las noches en plaza Fate. Casi todo lo que pasa me hace acordar a alguna canción que existe. Y si esa canción no existe, bien puede sufrir el cambio de algunas palabras por otras, tal vez más sugerentes o perturbadoras.

Y porque hay fotos que provocan cosquilleos e impulsos que siguen el sinuoso recorrido espalda > cuello > hombro > brazos y desembocan en mis manos, las cuales a intentan dar escape en palabras a todo eso que se me pasa por la cabeza. No siempre mis manos dan a basto a estampar en el papel o el teclado la catarata de cosas que se me vienen a la mente. En su intención de salir al exterior las ideas se amontonan, se tapan unas a otras. Algunas se salvan, otras se pierden entre las telarañas de mi cabeza.

Creo que esta es una buena manera de tener todo estas cosas y otras más que andan dando vuelta por ahí, bien juntitas, entrelazadas, fundiéndose en una maraña de ideas, tal vez sin sentido para el resto del mundo, pero que reflejan un poco quien (o que) soy yo.

¿El título del blog? Después de escribir todos estos porqués, todas estas razones y teniendo en cuenta que casi todo me hace pensar en alguna canción, me acordé de un tema Joaquín Sabina: Nos sobran los motivos.


¿Que por qué hacerme un blog? Es que sobran los motivos.