
Hace unos días recordé la existencia del Señor del Kiosko, un caballero argentino que hace historietas al que descubrí hace uno o dos años y cometí el delito de perderlo entre las telarañas de mi memoria.
Sencillas en su dibujo, sus historietas son expresivas, tiernas (tan tiernas que tienen ese “no se qué” que atraviesa el alma) y tienen un mensaje escondido que me encanta. Está bueno leer dos veces cada una, quedarse pensando, darles el tiempo que se merecen e ir encontrando de a poco esos pensamientos ocultos.
Al leer un un par de cuadritos, uno comienza a ingresar al Universo Kiokerman, lo comprende, lo admira, y quiere formar parte de del mismo. Sus tiras son particularmente extraños, y logran camuflar soledades, ilusiones, absurdos, romanticismo, oscuras realidades, esperanzas, y vaya uno a saber cuanta cosa más que todavía no se me pasa por la cabeza.
Como no tenía ganas de olvidarme nuevamente de este caballero tomé algunas precauciones:
Precaución primera: Agregué su web a Favoritos
Dado que eso nunca es suficiente (teniendo en cuenta la maraña de cosas que hay en los favoritos) tomé la
Precaución Segunda: Sumé su Blog a la lista de Links de mi Blog (a la izquierdita por estos momentos, hasta que cambie la distribución)
Y, considerando que tal vez eso no fuera suficiente para recordar visitarlo, elegí tomar la última, definitiva y remaxterizada
Precaución Tercera: me sume a su lista de distribución. Si! El Kioskerman tiene una lista de distribución. De esta manera el día de lunes de cada semana, el mismísimo Señor del Kiosko, (cuya identidad secreta es Pablo Holmberg y que bajo ningún concepto debe ser divulgada) me envía un emilio con su nueva tirita a mi casilla de Gmail.
Claramente, la tercera es la más efectiva, ya que logra combatir cualquier olvido, y además hace feliz al Kioskerman, ya que, según el mismo afirma, cada vez que alguien se suma a la lista, se incrementa su nivel de felicidad.
Matando dos pájaros de un tiro, logré conseguir para mi la felicidad necesaria para empezar una semana con alegría y, lo más importante, hice aún más feliz al Señor del Kiosko.
Entre en www.kioskerman.com.ar, sepa apreciar su creación y, por favor, no reprima su deseo de Hacer Feliz Al Kioskerman.
