LA HISTORIA APARECIÓ EN UN PERIÓDICO SENSACIONALISTA. Decía, simplemente, que los bomberos debieron concurrir a una casa en la cual salía humo de una de las ventanas del piso superior. Al entrar, encontraron a un hombre en una cama en llamas. Después de rescatar al hombre y apagar el fuego, formularon la pregunta obvia: - ¿Cómo se inició el fuego? - No sé. Ya estaba en llamas cuando me acosté. La historia me quedó grabada. Y me recordó una frase de la dedicatoria de un libro, que copié en mi diario: "¿Quid rides? Mutato nomine, de te fabula arratur". Latín. De las obras de Horacio. Traducido: "¿Por qué te ríes? Si cambias el nombre, puede ser tu historia". Estaba en llamas cuando me acosté. Esta inscripición podría figurar en la lápida de muchos de nosotros. Toda una vida en una oración. Salir de Guatemala para meterse en Guatepeor. Yo buscaba problemas y me metí en ellos ni bien los encontré. El demonio me obligó a hacerlo la primera vez, pero después lo hice por propia voluntad. Quizás esta verdad resulte más clara si transcribo una conversación que tuve con un colega que se quejaba de que todos los días se encontraba lo mismo en su bolsa de almuerzo. - ¿Quién te prepara el almuerzo?- le pregunté. - Yo- me respondió. Tenemos algunos compañeros muy buenos en este asunto. San Pablo se lamentaba diciendo: "No puedo comprender mi propio comportamiento. No logro realizar las cosas que deseo hacer, y descubro que estoy haciendo precisamente las que odio". Y el dramaturgo griego Eurípides pone en boca de Medea, poco antes de asesinar a sus propios hijos, las siguientes palabras: "Sé el daño que estoy por causar. Mi ser irracional es más fuerte que mi voluntad". Los psiquiatras ganan mucho dinero con este dilema, y los teólogos hacen mucho ruido al respecto. Pero este dilema no sólo no ha sido resuelto, sino que tampoco tiene solución. Vivimos con él, y al hacerlo nos consolamos en compañía de aquellos que habitualmente se acuestan en camas en llamas de un tipo o de otro. Nos resultaría más sencillo si pudiéramos, simplemente, aceptar las camas que elegimos para nosotros y seguir adelante. Y una cosa más. Respecto del hombre de la cama en llamas de la historia. La mayor parte de las veces, observamos que las personas hacen algo sin saber por qué lo hacen. Si nuestras propias acciones constituyen un misterio para nosotros, ¿Cuánto más lo serán para los demás? ¿Por qué estaba acostado en la cama en llamas? ¿Estaba borracho? ¿Enfermo? ¿Quería suicidarse? ¿Era ciego? ¿Tenía frío? ¿Era tonto? ¿Tenía un extraño sentido del humor? ¿O qué? No lo sé. Es muy difícil juzgarlo sin tener mucha más información. Es cierto, sin embargo, que de todos modos juzgamos. Pero si consiguiéramos refrenarnos un poco, nos agradaríamos más. Dios, según está escrito, previno a sus primeros hijos, Adán y Eva. Lo dijo bien claro. No coman esa fruta- les causará problemas. Ya conocen el resto de la historia...
Título original del libro: It was on fire when I lay down on it (1989) - Robert Fulghum