viernes, 29 de febrero de 2008

Demian

A veces me pongo a pensar: ¿Porque me hice este blog si no publiqué absolutamente nada de lo poquito que escribí? Para ser sincero, nada de lo que tipeé hasta ahora me dejó muy conforme. Sin embargo en los viajes en tren y colectivo al trabajo encontré un cuento dentro del tremendo libro “Demian”, de Hermann Hesse, que provocó ciertas reacciones en quien escribe. Me hace pensar en una manera extraña de telepatía, en la que uno mismo, solo con el pensamiento y la fuerza interna, puede transmitir a otro aquello que siente. “Hablar con el corazón”, le llamaba a esta telepatía la tía Allende.

Esta historia dentro de otra historia, forma parte de esas cosas por las que me siento marcado internamente, tal vez porque en algún punto me duele, tal vez por que en algo me siento reflejado. Y eso es lo que me gusta en un libro, un cuento o una canción. Que me invite a soñar en su mundo, que me haga sentir, mas allá de si viví o no aquella situación, esos placeres, dolores, esperanzas, desengaños, alegrías y tristezas que cuenta.

En ocasiones, me sentía descontento y atormentado de deseos. Creía no poder soportar ya por más tiempo tenerla a mi lado sin estrecharla entre mis brazos. También esto lo advirtió ella en seguida, y al verme llegar una tarde a su casa, agitado y confuso, después de varios días de retraimiento, me llevó aparte y me dijo: “No debe usted entregarse a deseos en los que no cree. Sé lo que usted desea. Tiene usted que abandonarlos o desearlos de verdad y por entero. Cuando llegue usted a pedir llevando en sí la plena seguridad de lograr su deseo, la demanda y la satisfacción coincidirán en un solo instante. Pero usted desea y se reprocha, temeroso, sus deseos. Tiene usted que dominar todo eso. Voy a contarle una conseja”.

Y me contó de un adolescente que estaba enamorado de una estrella. A la orilla del mar extendía los brazos hacia ella, la adoraba, soñaba con ella y le dedicaba todos sus pensamientos. Pero sabía, o creía saber, que un hombre no puede enlazar con sus brazos una estrella. Imaginaba que su destino era amarla siempre sin esperanza y construyó sobre ésta idea toda una vida de renunciamiento y de dolor, callado y fiel, que habría de purificarle y ennoblecerle. Una noche se hallaba sentado de nuevo junto al mar, sobre un acantilado, contemplando a su amada y ardiendo en amor por ella. Y en un instante de profundo anhelo saltó al vacío, hacia la estrella. Pero todavía entonces pensó en la imposibilidad de alcanzarla y cayó, destrozándose contra las rocas. No sabía amar. Si en el momento de saltar hubiese tenido fuerza de alma suficiente para creer fija y seguramente en el logro de su deseo, hubiese volado cielo arriba a reunirse con su estrella.

- El amor no debe pedir –continuó- ni exigir tampoco. Ha de tener la fuerza de llegar en si mismo a la certeza, y entonces atrae ya en lugar de ser atraído. Sinclair, su amor es ahora atraído por mí. Cuando llegue a atraerme, entonces acudiré. No quiero hacer un regalo, quiero ser ganada.

jueves, 14 de febrero de 2008

¿Por qué hacerme un blog?

Porque quiero, porque tengo ganas.

Porque debo admitir que no escribo como quisiera, porque creo las palabras que se hilan entre mis manos y el teclado no son todavía las mejores, porque todavía no pueden ubicarse de esa forma que yo deseo. Seguramente el hábito de escribir me ayude un poco con eso.

Porque nunca cumplí con aquello que prometo, que es no tirar aquello que escribo.

Porque es una buena forma de que perdure, no para otros, sino para mí, aquello que pienso. El que esas ideas, esos pensamientos queden guardaditos en los confines de Internet me da, internamente, la seguridad de que no voy a eliminarlos.

Porque no me interesa llevar nada cronológico, no quiero un diario, porque no es mi intención llevar una Guía T de todo lo que vivo, sino de aquello que pienso, eso que se me pasa por la cabeza, de aquello que siento un impulso irrefrenable por expulsar de mi cabeza, y de aquello que quiero guardar. Un diario, además no sería posible. Ni mi cabeza ni mi voluntad me permiten sentarme a escribir todos los días. A veces gana la fiaca, a veces me abandona la inspiración.

Porque así estoy seguro de poder releer todo esto cuando quiera, ver si sigo siendo el mismo de siempre, en que cambié, en que no.

Visto desde ahora sé que me gustaría haber tenido algo así desde hace tiempo. Recuerdo como pensaba hace varios años, pero son recuerdos cobardes, que se escapan cuando uno quiere interrogarlos. Quisiera comparar la manera de escribir de hace unos años con la que tengo ahora, con lo que tendré en un mes, o en 10 años.

Porque así voy a poder tener un registro de los interiores de Pablin, de lo que provoca en mi persona aquello que me rodea. Por ejemplo, esas canciones que me traen recuerdos de lo que paso y de lo que nunca pasó. Hay temas que me hacen pensar, otros me traen congojas o me hacen acordar de gentes que anduvieron dando vueltas por la vida. Me gustan y no quiero olvidarme de lo que provocan o provocaron en mí.

Porque por fin, tal vez queden registradas de una buena vez aquellas letras cambiadas a las canciones originales, esas que entonamos en el trabajo con el pelado que esta en la PC de al lado, o las que surgen por las noches en plaza Fate. Casi todo lo que pasa me hace acordar a alguna canción que existe. Y si esa canción no existe, bien puede sufrir el cambio de algunas palabras por otras, tal vez más sugerentes o perturbadoras.

Y porque hay fotos que provocan cosquilleos e impulsos que siguen el sinuoso recorrido espalda > cuello > hombro > brazos y desembocan en mis manos, las cuales a intentan dar escape en palabras a todo eso que se me pasa por la cabeza. No siempre mis manos dan a basto a estampar en el papel o el teclado la catarata de cosas que se me vienen a la mente. En su intención de salir al exterior las ideas se amontonan, se tapan unas a otras. Algunas se salvan, otras se pierden entre las telarañas de mi cabeza.

Creo que esta es una buena manera de tener todo estas cosas y otras más que andan dando vuelta por ahí, bien juntitas, entrelazadas, fundiéndose en una maraña de ideas, tal vez sin sentido para el resto del mundo, pero que reflejan un poco quien (o que) soy yo.

¿El título del blog? Después de escribir todos estos porqués, todas estas razones y teniendo en cuenta que casi todo me hace pensar en alguna canción, me acordé de un tema Joaquín Sabina: Nos sobran los motivos.


¿Que por qué hacerme un blog? Es que sobran los motivos.